lejos, muy lejos del suelo,
don't let me fall.

domingo, 15 de agosto de 2010

que no, que no lo entiendo.

Lo que intento decirte es que entiendo lo que es sentirse el ser más pequeño, insignificante y patético de la humanidad y lo que es sentir dolor en partes del cuerpo que ni siquiera sabías que tenías. Y da igual cuántas veces te cambies de peinado, o a cuántos gimnasios te apuntes, o cuántos vasos de Chardonnay te tomes con las amigas, porque sigues acostándote todas las noches repasando todos los detalles y preguntándote qué hiciste mal o qué pudiste malinterpretar. Y cómo puñetas en ese breve instante pudiste pensar que eras tan feliz. A veces incluso logras convencerte de que élla verá la luz y se presentará en tu puerta. Y después de todo eso y aunque esa situación dure mucho tiempo, vas a un lugar nuevo y conoces a gente que te hace recuperar tu amor propio. Y vas recomponiendo tu alma pedazo a pedazo, y toda esa época difusa, esos años de tu vida que has malgastado, empiezan por fin a desvanecerse.
Creo que es hora de pasar pagina ...es hora de que al pasado le salgan telarañas.

domingo, 8 de agosto de 2010

Somewhere I belong.




Conozco un lugar no muy lejos, a unas tres o cuatro cervezas de aquí. Es un buen lugar para caerse muerto, nada parece malo desde allí.

Perdimos la cabeza pero no el sombrero, quizás llegó el momento de quedarse así. Y no conozco otra manera de vivir, no voy a ser más complicado que una flor, ya sé que mientras tenga fuerte la raíz, el propio llanto regará mi corazón.

lunes, 14 de junio de 2010

don't look back into the sun.


no hay prisa cuando el sol se va.


AHORA empieza lo bueno.

lunes, 7 de junio de 2010

domingo, 30 de mayo de 2010

nostalgia?


Después de tantos años, rayadas, enfados y problemas, te das cuenta de que no todo era tan malo como parecía. Ahora llega el fin del final, el comienzo del principio, o la continuación de nuestras vidas, no todo tiene porqué acabar.

sábado, 29 de mayo de 2010

no sabes muy bien dónde estás, sólo sabes que estás muy bien

una risa en cada frase, yo contigo imagino mi vida como quiero, y cómo mola!

viernes, 21 de mayo de 2010

como pájaros renunciamos a la inmensidad del cielo para dormir en nuestro pequeño lugar.

Cuando te levantaste por la mañana, más o menos temprano, sabías cuáles eran tus obligaciones, y dispuesto y sumiso te disponías a cumplirlas. Aunque no lo llamaras así. Miramos con desgana los deberes de la moral; pero, ¿no son obligaciones también el hambre, el sueño, la sed, el mismo gesto del continuo respirar, la inconsciencia del corazón en su latir? Es más, igual de obedientes somos con las tradiciones del sábado, sin saber desde cuándo es ley de Dios. Divertirnos, en esta fiesta, en este libro, en esta taberna, en este cuerpo, en esta historia, es nuestra más preciada tradición.
Nuestros actos están dirigidos por deberes biológicos bien reconocibles, y también por deberes culturales que nos cuesta más reconocer. Algunos nos hemos rebelado, desobedientes, tanto a unos como a otros. ¿Por qué? ¿Ha sido por nuestro afán psicológico de libertad? ¿Y no es ese afán de libertad una obligación dictada por lo que singularmente somos? ¿Cómo lo sabes, cuándo lo has aprendido? Tu “yo” te obliga a luchar contra lo que es diferente. ¿Luchas acaso porque el egoísmo de los demás está a punto de destruir el mundo? ¿Es que no cumplen ellos, como tú, con sus ingenuos dictados psicológicos? Sabes además que el mundo está sentenciado, y sus días como los tuyos están contados. ¿A qué deber renunciarás para ser tú mismo, para que el mundo cambie o siga siendo igual: al del trabajo, al de la diversión, al del placer, al del descanso, al de la lucha…? El cariño que le tienes al mundo es tu mayor tradición.

Una vez oíste a alguien tenderte su mano: “Abandona ya la casa de tu padre y de tu madre, y ven conmigo al incómodo reino de la verdad, donde tú serás el rey”. Y como ingenuos sanchopanzas le seguimos, sin saber si nuestras aventuras nos llevarían a la gloria o a la perdición. Pero cuando el día termina, hemos de volver a casa. Como pájaros renunciamos a la inmensidad del cielo para dormir en nuestro pequeño lugar. Antes de sucumbir al sueño, caen sobre nosotros el peso de nuestros vuelos. ¿Cuál es el sentido de lo que hemos hecho? ¿Cuál es la nota que nos falta? ¿Cuál el paso que no hemos dado?
Confuso y desconcertado termino de cumplir con mis obligaciones; todas, las que conozco y las que desconozco. Fiel a ellas soy inevitablemente. Y todo el mundo gira y se arremolina movido por el viento, sin saber de dónde viene ni el por qué de haber caído en este preciso lugar. Yo también soy fiel al viento. Frente a él lanzo mi melodía, y la investigo y la sostengo, como un violinista en el tejado.